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Dice la contratapa del cuadernito
del CD: Electroalvarez es el nombre con el que
le está permitido a Sergio Alvarez el derecho
a: no hacer comentarios inteligentes para impresionar
a los demás, tomarse su tiempo, ser aburrido
y no tener que bailar para ser considerado una persona
feliz.
En compensación la audiencia tiene el
derecho a reaccionar como mejor le parezca.
Bien, esta minúscula e insignificante partícula
de la audiencia reaccionó positivamente.
Quizás por el hecho de que Alvarez es el
guitarrista de mi último enamoramiento musical
(es decir, Panza), pero quizás también
porque este es un disco muy interesante.
Se podría calificar la música de Electroalvarez
como “ambient” pero no quedaría
claro qué tipo de ambiente ambienta. Al escucharlo
me imagino un laberinto sin entrada y sin salida,
con pasillos a oscuras o en una crepuscular penumbra
de invierno y con paredes que no respetan la ortogonalidad,
de pisos desparejos o inundados por un líquido
cálido y viscoso. Este laberinto está
lleno de gente que, como uno, se mueve a la deriva,
guiándose apenas por los eventuales relámpagos
de luz violeta que se reflejan en las paredes.
O, para ser más objetivos y concretos, es
un disco de guitarras que le debe mucho a Fripp
y Belew, paisajes sonoros interrumpidos aquí
y allá por voces de gente que reclama a Álvarez
en el contestador automático (nunca sabremos
si Sergio devolvió los mensajes o si simplemente
los ignoró).
Los títulos de los cuarenta temas van desde
la sobriedad absoluta (“Amanecer”, “Reunión”,
“Gatos”) al automatismo surrealista
(“Pequeña orquesta china conquistando
el mundo desde las alcantarillas”, “Preludio
al momento previo del arrancamiento de un pelo”)
y reflejan muy bien el bipolar espíritu de
este disco: por momentos minimalista, por momentos
absurdo.
Música para contestadores no es un disco
para ambientar una reunión de amigos ni es
la mejor elección para un día de lluvia
o una depresión metafísica. Para el
resto del tiempo, es un excelente masaje en los
tímpanos y el seso.
| Medio: |
Low fi, núm. 4 |
| Autor: |
Diego Billordo |
| Fecha: |
2004 |
La tapa del disco dice más
de lo que es. La imagen blanco y negro da una idea
de suspenso?, da un concepto abstracto de algo tan
simple como son sillas, mesas y sombrillas. Los
sonidos permiten al autor de la obra sugerir cómo
debería ser una buena escucha del mismo.
Para mí la mejor escucha que tuve fue tomarme
el 160, viajar a Aeroparque, subirme al mirador
y ver llegar los aviones y verlos irse también.
Valió la pena, sonreí tres veces y
no lloré, pero el track 14 lo escuché
en repeat 47 minutos y me emocionó. Algunos
dicen que los que hacen música “experimental”
es porque no tienen canciones o se cansaron de ellas
o porque están atormentados. Para mi en realidad
en este caso el guitarrista de Panza me parece un
artista inteligente y necesario.
| Medio: |
Rolling Stone |
| Autor: |
Oscar Jalil |
| Fecha: |
May. 2003 |
(***1/2)
Deje su mensaje después de la señal
Es posible que a Sergio Alvarez le guste desnudarse
en público. En cierto modo, los mensajes
registrados en su contestador telefónico
hablan de él y enmarcan un extraño
tipo de exhibicionismo. Esas interferencias ocupan
buena parte de los 42 tracks incluidos en Música
para contestadores, un disco armado a partir
de las infinitas posibilidades climáticas
que ofrece la guitarra (acústica, eléctrica,
o loopeada hasta la desintegración sonora).
Alvarez no es un guitar hero, está más
cerca de Fripp que de Satriani, pero no peca de
solemne a la hora de seguir las enseñanzas
del maestro inglés. Es más, desacraliza
el virtuosismo en pos de un resultado: crea una
sinfonía fragmentada en ínfimos pasajes
instrumentales. Arduo, sombrío y fascinante,
el disco solista del guitarrista de Panza trabaja
sobre ruidos cotidianos mientras la maquinita memoriosa
intenta retener el tiempo en forma de reclamos,
mensajes de amor y ruegos. Es sólo el comienzo:
Alvarez tiene listos dos discos más: Todos
somos Kabusacki y Electroalvarez con DJ
Salvador y Víctor Volpi.
| Medio: |
La Nación, Suplemento
Vía Libre |
| Autor: |
Sebastián Espósito |
| Fecha: |
25 abr. 2003 |
Dejá tu mensaje después
de la señal
Un registro de otros
No hacer comentarios inteligentes para impresionar...
y no tener que bailar para ser considerado una persona
feliz. Según el sobre interno del CD,
éstas son algunas de las cosas que puede
hacer Sergio bajo el alias de Electroalvarez. Y
a eso apunta su álbum solista: a imprimir
sonidos de guitarras y loops personales, sugerentes
a veces y herméticos otras, que roza la parodia
de la Música para aeropuertos, de
Eno. Los mensajes que atesora su contestador y que
aquí cobran otra dimensión, más
que unir las partes musicales le dan nueva vida
al universo cotidiano que gira a su alrededor, desde
su hijo que se apena por no poder verlo porque está
tocando la guitarra, hasta una amiga alucinada y
feliz.
Reseña incluida en la nota:
Dos son más
que media banda
| Medio: |
Inrockuptibles |
| Fecha: |
Abr. 2003 |
MÚSICOS - Corridos
Es lo que se desprende de los flamantes lanzamientos
de Sergio Alvarez y Chuky de Ipola, en los que ambos
a su modo muestran una faceta desconocida. El primero,
líder del hard rock noventoso de Panza y
bajo el alias de Electroalvarez, traza en Música
para contestadores pequeñas suites diáfanas
abastecidas únicamente por su guitarra. Deudor
de los soundscapes de Robert Fripp, el otro protagonista
del álbum son los variados mensajes que sus
amigos y colegas supieron dejarle a Alvarez. (...)
| Medio: |
Clarín |
| Autor: |
P. S. |
| Fecha: |
19 mar. 2003 |
Muy bueno (****)
Mensajes de Alvarez
En cuarenta breves tracks, el guitarrista argentino
Sergio Alvarez (ex Porco, actual Panza) desarrolla
aquí un diario personal alternando mensajes
que cayeron a su contestador y piecitas electroacústicas
donde resuenan Fripp, Frith y Frisell. Con antecedentes
como el compilado francés Pieces pour
Standards et Repondeurs Telephoniques (92)
y Clandestino (Manu Chao), esta obra supera
el narcisismo "experimental" y dilettante
en favor de un dramatismo siniestro que sublima
lo íntimo cotidiano. En ese contexto, los
temas funcionan como grafitis emocionales. Trátese
con cuidado. Y de vez en cuando. No es lo que se
llama Ambient, justamente.
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