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Panza: Infanticidio
(Ultrapop, 2003)

 

Medio:

La Idea Fija, núm. 6

Autor: Saurio
Fecha: 2004

Últimamente me siento un viejo choto. Todos los días aparecen nuevas bandas prometiendo la redención del rock, el escape de las garras del tedio, el mercantilismo y la producción en serie, pero finalmente no son otra cosa que un clon más de la máquina de facturar y a uno no le queda más remedio que volver a esos viejos conocidos, con edades rockeramente impensables hace unos años, para poder disfrutar de algo verdaderamente nuevo.
Y con el rock argentino es aún peor, porque hubo un tiempo (que no fue hermoso y ciertamente no fuimos libres de verdad) en el que uno sentía la excitación de escuchar algo que desafiaba al sistema, pero ahora..., ahora..., ahora la mayoría de lo que suena son jingles de cerveza, amaneramientos para seducir el mercado latino y bandas de tributo a los Stones.
Me aburre. Me aburre soberanamente.
Por suerte, muy ocasionalmente uno se tropieza con excepciones a la regla, como Panza, que con su contundente Infanticidio me hizo recuperar aquel viejo entusiasmo que sentía al bajar la púa sobre un LP.
No, no suenan a viejo, no, ¡por favor! Suenan a interesante, a diferente, lo que no es poco hoy día. ¿Cómo definirlos? ¿Vale la etiqueta “pop violento” que ellos usan o habría que ampliarla para evitar confusiones? Digamos que es una impresionante voz femenina, la de Mariana Bianchini, capaz de gritar, llorar y reir al mismo tiempo (¡y sin desafinar!), disparando su furia sobre la densa pared sonora que construyen, con ladrillos prestados de Fripp, Bowie y el mejor punk, la guitarra de Sergio Alvarez, el bajo de Javier González y la batería de Pablo Contursi. Digamos que es una banda que hay que escuchar (y no oir) más de una vez para ir entrándole a sus muchas sutilezas, que no te la hace fácil, que no buscan el tarareo inmediato del oyente. Digamos que no son complacientes y que no quieren que vos lo seas.
Y a esto hay que agregarle unas letras llenas de bronca y vacías de altisonancia, con desesperación y asco y, a la vez, desde un punto de vista aparentemente ingenuo (pero nadie es inocente, nadie lo es), como de niñitos timburtonianos. “No pensamos frases para impresionarlos” dicen en “Sonrisas de plastilina” y creo que no mienten, si algún que otro verso impresiona es porque es impresionante y no porque obedezca a una calculada estrategia de tirar eslóganes aparentemente inteligentes (o comprometidos o fieritas o contraculturales). No voy a decir que son una maravilla de la poesía, porque no lo son, pero sí que son muy buenas letras de canciones, sin golpes bajos, de esas que hacía rato que habíamos dejado de escuchar.
A mi gusto, lo mejor es cuando bajan los decibeles un poco y se mandan canciones como “Sado” (una enferma historia de amor, quizás lo mejor del disco), “Naturaleza muerta” o “Crucigramas”, más que nada porque es en estas donde la voz de Mariana Bianchini se luce mucho más y demuestra lo hermosa que es, pero, a la vez, no puedo dejar de entusiasmarme con las violentas “Popstar”, “Callate nena”, “Plato frío” o la ya mencionada “Sonrisas de plastilina”, así que no sé. Las quince canciones son destacables y todas de buenas para arriba.
Voy a decir algo que va a parecer feo: ojalá nunca tengan éxito. No, no es por mal, al contrario, es porque no quisiera que por un Grammy latino o una tapa en la Rolling Stone se les pierdan la furia y la inteligencia. Parecieran que no, que se van a mantener honestos pese a todo, pero se han visto casos, se han visto muchos casos...


 

Medio:

Pistorius (offline)

Autor: Lamia
Fecha: Abr. 2004

Por que hay que crecer: Infanticidio
Un producto concreto, dotado de inusuales texturas y profundidades en el que la banda expone diversas opiniones, intenciones, miedos, dudas y sentimientos. Todo esto camuflado en un lenguaje directo e inocente que se dispara hacia todos lados; del punk más furioso a la balada más dulce, exhibiendo un muestrario de todos los tonos de oscuridad que puede ofrecer una mente que aún siente.
Canciones como “Popstar” y “Plato frío” entre otras traen un delicioso deja vu de esos lapsos de maldad infantil, con venganza ciega y odio extremo incluidos.
A la vez regocija el alma en “Sado”, una balada que plasma lo hermoso del amor posesivo. En “Precauciones peligrosas” expone una diversidad interesante de excusas para el que tiene miedo a vivir, y juega a armar un
retorcido entramado de las posibles (e imperceptibles) interrelaciones humanas.
Buenas canciones interpretadas por una banda que suena más que bien, un perfecto ejemplo de que el todo no es más que la suma de las partes, donde cada nota es esencial y vibra en toda la canción, con mezclas naturalmente fluidas y homogéneas de estilos y sonidos contados desde la voz fuerte y pura de Mariana Bianchini.
Un CD para escuchar en todos los estados de ánimo posibles, para reírse de todos y llorar por uno....y viceversa. Inclasificable.
Con ustedes Panza: Infanticidio.
Panza forma con: Mariana Bianchini en voz; Sergio Alvarez en guitarra; Pablo Contursi en batería; Javier González en bajo.


 

Medio:

Your Emotions / Recis

Autor: Martín Debaser
Fecha: Abr. 2004

Pop violento, dirán ellos. Pop en toda su extensión (como una explanada) para los medios, obligados por trabajo a desmenuzar la sonoridad de la banda. Las etiquetas (odiosas por demás) son un elemento casi inevitable para críticos y periodistas pero no así para los músicos quienes la mayoría reniegan de ello. En particular, Panza dice basta y rotula su música.
Rock en estado impuro para quien suscribe. ¿Y por qué no puro? La magnitud de la fuerza que expulsan resuena como un loop de patadas lacerantes en el centro digestivo.
Un atropello se abalanza cuando me pregunto si toda obra artística y/o de índole musical, encierra o deja traslucir un concepto detrás.
Infanticidio es sugestión desde el nombre propio al mismo tiempo que la angustia se diluye exagerada en mi, hasta allanarme en compases voraces, trabados y armonías vocales que se muestran abiertas. Como pétalos sometidos al castigo de una tormenta o a la adoración natural (viento leve aquel que peina la superficie). Tal es la sensación que extraigo en “Naturaleza muerta”. Vaivenes melodiosos en las entrañas del alma perforada. Gestos, ironía y demostraciones de actitudes falsas. El impresionismo dibujado en “Sonrisas de plastilina”.
El segundo álbum de Panza los halla en un ardor incesante tanto musical como venéreo. ¡Que difícil se me hace! no observar, curado de espanto ya, las sendas transparentes de mi piel y ver cómo me recorren estos cuatro ejecutores de infinitas expresiones.
Descargo y rabia, inocencia, odio, ironía y la paranoia en “Precauciones peligrosas” se vuelcan a través de la textura camaleónica y frágil en la garganta de Mariana Bianchini.
Mutación. Posesión. La intemperie es el asilo y el descanso de nuestra esencia y el quiebre que propone Panza.
Vislumbro el costado o ángulo punk (no propiamente dicho sino en una línea rock-punk que por supuesto no significa lo mismo que alterar el orden de estas palabras), está efervescente en canciones como “Plato frío” y “21 días” en las cuales, yo, ávido entre la calma y la violencia minimizada descubro finalmente la “sacudida” corporal.
Profetizaciones de ídolos envasados, inventos de publicidad, y la histeria “teen” que se regenera (que acrecienta el consumismo y confirma lo que finalmente los medios nocivos de comunicación lanzan al mercado como un “menú promocional del momento”), se clarifica en “Popstar” (primer single del disco).
“Y me pregunto... ¿dónde estoy?”. Tan ausente de espejos que me acorralen, sólo la humedad del cuerpo es apenas una pretensión del acercamiento o intento fallido al describir el grado emocional del “sonido Panza”.
“Infanticidio en mi cabeza y en mis gritos...”, se potencia y tambalea. Y aún trato de impedir mis bruscos movimientos.


 

Medio:

Veintitrés, núm. 298

Autor: Nicolás Russo
Fecha: 25 mar. 2004

**** (Muy bueno)
Por el rock
El rock, cuando se nutre de rock —esto gracias a la amplitud y la diversidad de ramas y subgéneros que lo componen— puede llegar a dar frutos interesantes. Al margen de la línea comercial —aquella que se reduce básicamente a copiar éxitos y/o repetir fórmulas— existe toda una generación de músicos que se alimentan a base de rock. Panza (cuarteto integrado por mariana Bianchini en voces; Sergio Alvarez en guitarras, loops y Hammond; Javier González en bajo y piano Rhodes; y Pablo Contursi en batería, percusión y programación) tiene bien claro que el rock no es solamente zapatillas blancas, flequillo, enchufar y tocar. Las influencias son tan compactas como raras de encontrar en estos pagos: algo de Invisible en “Naturaleza Muerta”, el Bowie más reciente en “Trueno II”, el King Crimson de Starless & Bible Black en “Callate nena”, los ecos de The Police en la introducción de “Dominó”. Moderno, no por acumulación de influencias, y con talento propio, Infanticidio —con mucho de rock progresivo y bases rítmicas potentes— reparte iguales dosis de bestialidad instrumental y riqueza melódica. Rara avis del mercado local (si fueran de Nueva York estarían todo el día en MTV) y alejados de la abulia nostálgico-depresiva del pop británico dominante, Panza es un claro ejemplo de todo lo que se puede hacer desde y para el rock.


 

Medio:

Rolling Stone, núm. 71

Autor: Sebastián Feijoo
Fecha: Feb. 2004

**** (Excelente)
Hard rock ilustrado, deformidades varias y una chica de cuidado
El rock local pos devaluación crece, y, sin embargo, la aparición de nuevas bandas continúa pendiente. Panza se anota en el lote de aspirantes a pura singularidad. La voz flexible de Mariana Bianchini —en algún lugar entre Gwen Stefani (No Doubt), Mike Patton (ex Faith No More) y Andrea Echeverri (Aterciopelados)— acapara la atención al instante. Pero Bianchini no sólo sabe cantar: interpreta melodías, personajes y circunstancias con vívida emoción. De una nena con demasiadas preguntas a una psicótica que cose a su amante a su cintura para que no la olvide. A su lado hay una banda comandada por la filosa y audaz guitarra de Sergio Alvarez, con ideas y mucha musicalidad. Infanticidio —el segundo álbum del grupo— ofrece cantidad de influencias: Zeppelin, King Crimson, Genesis, Alanis Morissette, Living Colour y Reeves Gabrels, entre otros, todas asimiladas en forma tan natural que difícilmente alguien pueda decir que Panza “suena a”. El hard-rock ilustrado de “21 días”, la balada inteligente “Sado”, la adhesiva canción “Infanticidio” o el enjambre psicodélico llamado “Dominó” son algunos argumentos que explican por qué Panza sacó chapa de cosa seria. Quien quiera oir que oiga.


 

Medio:

Inrockuptibles, núm. 74

Autor: Sebastián Feijoo
Fecha: Dic. 2003

Panza infanticida
A grito pelado, con ásperas programaciones por momentos y pausadas bases por otros, con un sonido duro y algunas canciones cada vez más encumbradas —atención a la virulencia de “Precauciones peligrosas” y a la suavidad deforme de “Retro”—, el grupo de la sanguínea Mariana Bianchini acaba de lanzar Infanticidio, su nuevo álbum.


 

Medio:

Página/12, Suplemento Radar

Fecha: 30 nov. 2003

El nuevo disco de Panza no es exactamente conceptual, aunque toda la lírica gira alrededor de la infancia, desde la relación con los padres, hasta el consumo de los chicos y la recuperación de la curiosidad y los cuentos de hadas. La voz de Mariana Bianchini —qué grato es encontrar en Argentina una gran cantante de rock como ella— suena perfecta y afinadísima, y la banda es capaz de grandes melodías y una furia elegante que recuerda a Jane’s Addiction. El grupo se completa con Pablo Contursi, Javier González y Sergio Alvarez.


 

Medio:

TXT, núm. 36

Autor: Juan Andrade
Fecha: 21 nov. 2003

Re-recomendado
El impulso infanticida apunta contra ataduras como la familia, la inseguridad y la costumbre. “Tengo que nacer de nuevo/ para demostrar que existo”, canta Mariana Bianchini con una afinación visceral. Entre guitarrazos lacerantes y un puñado de melodías rabiosas, en Infanticidio se cuelan programaciones y arreglos de cuerdas. Cuando no se cargan a la música que escuchan todos (“Popstar”), los temas de Panza ponen contra las cuerdas al niño que todos llevamos dentro. Y ganan por KO.